Cuando Tomás Borge, uno de los principales comandantes de la revolución sandinista, afirmaba que era necesario defender el proyecto político del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) a cualquier costo, sin importar principios ni límites institucionales, expresaba una concepción del poder profundamente autoritaria, no importándole las libertades individuales ni el sentido de bienestar y desarrollo.
Su conocida frase: «Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder. Yo le decía a Daniel Ortega: podemos pagar cualquier precio; lo único que no podemos perder es el poder, y hagamos lo que tengamos que hacer», revela una visión incompatible con los fundamentos de las democracias modernas, donde la soberanía popular, la alternancia política y el respeto a las libertades constituyen principios esenciales.
Durante décadas, esa lógica de concentración del poder ha marcado la vida política nicaragüense. Sin embargo, la Nicaragua que comienza a perfilarse entre el creciente rechazo interno y la presión internacional tiene la oportunidad de construir un futuro distinto, sustentado en instituciones sólidas, respeto a la ley y libertad para todos sus ciudadanos.
Todo exilio deja profundas heridas emocionales, pero también genera aprendizajes. Quienes han debido abandonar su país han desarrollado nuevas capacidades profesionales, disciplina laboral y experiencias que pueden convertirse en activos valiosos para la reconstrucción nacional.
Miles de nicaragüenses han contribuido al crecimiento económico de otras naciones mediante su trabajo en la construcción, los servicios, los negocios, la academia y el emprendimiento. Esa experiencia acumulada permitirá que muchos regresen con mayores conocimientos y mejores herramientas que las disponibles durante la transición de 1990, tras la derrota electoral del primer gobierno sandinista.
Asimismo, resulta innegable el papel que las remesas han desempeñado en la economía nacional. En una nación marcada por el estancamiento económico, el aporte de los migrantes ha sostenido a miles de familias y ha contribuido indirectamente al funcionamiento de amplios sectores productivos. Buena parte de los avances materiales exhibidos por el régimen durante los últimos años no puede comprenderse sin reconocer el sacrificio de quienes enviaron recursos desde el exterior.
La recuperación del país exigirá mucho más que reformas legales o ajustes burocráticos. Requerirá voluntad política, confianza institucional y una visión de largo plazo orientada a recuperar el tiempo perdido. En esa tarea ya trabajan numerosos profesionales, académicos, empresarios y líderes de la diáspora, cuyo principal deseo es volver a invertir, producir y generar oportunidades en su propia tierra.
Nicaragua continúa poseyendo enormes fortalezas económicas. Sus productos agropecuarios gozan de reconocimiento internacional; su carne, café, tabaco, mariscos, oro y demás recursos minerales mantienen una presencia destacada en diversos mercados.
La era post-Ortega representará mucho más que un cambio de gobierno. Será la oportunidad de construir un nuevo pacto nacional basado en la libertad, la transparencia, la independencia de poderes, el respeto a los derechos humanos y la plena vigencia del Estado de Derecho.
El país ya vivió una transición en 1990, cuando el retorno de exiliados y la recuperación de libertades democráticas generaron grandes expectativas. Sin embargo, aquel proceso enfrentó importantes limitaciones debido a la persistente influencia política e institucional que mantuvo el Frente Sandinista durante los años posteriores. Esa experiencia dejó lecciones que no deben ignorarse.
La próxima transición deberá enfocarse en fortalecer las instituciones democráticas y garantizar reglas claras para todos los actores económicos y sociales. En ese sentido, diversos especialistas y centros académicos trabajan actualmente en propuestas orientadas a facilitar la recuperación económica y atraer inversiones.
El objetivo será promover un modelo de crecimiento abierto y competitivo, libre de privilegios, monopolios o favoritismos, donde se reconozca el aporte de empresarios, profesionales e inversionistas comprometidos con el desarrollo nacional, como ya lo están haciendo algunos en el exterior y como lo harán ya establecidos en el país, pero para que esto camine la transparencia deberá ser el pilar fundamental.
En ese escenario surgirán importantes oportunidades tanto para quienes permanecieron en el país como para aquellos que regresen del exilio con experiencia, conocimientos y redes internacionales. El retorno de profesionales, empresarios, periodistas, académicos y emprendedores podría convertirse en uno de los principales motores de la reconstrucción nacional.
También existirán condiciones favorables para atraer inversión privada nacional y extranjera. Los inversionistas buscan estabilidad institucional, seguridad jurídica, transparencia y normas previsibles. Una Nicaragua democrática tendría la posibilidad de posicionarse como un destino atractivo para proyectos en infraestructura, turismo, agroindustria, energías renovables, tecnología, logística, educación y servicios.
La recuperación de la confianza internacional abriría nuevas oportunidades de financiamiento, cooperación y desarrollo sostenible. Al mismo tiempo, permitiría fortalecer la competitividad del país y generar empleos de calidad para miles de ciudadanos.
Es igualmente necesario reconocer el papel desempeñado por quienes han mantenido viva la causa de la libertad durante los años más difíciles. Organizaciones civiles, periodistas, defensores de derechos humanos y amplios sectores de la diáspora han contribuido a mantener visible la realidad nicaragüense ante la comunidad internacional.
La vieja, gamonal y cavernaria aspiración de perpetuarse en el poder, (hagamos lo que tengamos que hacer) expresada por Tomás Borge y materializada durante años por el régimen Ortega Murillo, terminará siendo superada por una Nicaragua libre, democrática y abierta al bienestar social y al desarrollo humano desde la eficiencia y la transparencia. Ese será sin duda, el gran reto nacional que ya empieza a andar.
