América, tierra de dictadores

Por Juan Ramón Martínez, académico hondureño.

Segun Octavio Paz, la mezcla del chamán y el segundón hispano produjo el caudillo; y éste al dictador. Durante la guerra de independencia, a Bolívar le atrajo la dictadura. Iturbide cayó en la tentación imperial.  López de Santa Ana  y Jean Dessalines también. Hombres fuertes y providenciales desconfiaron de la sucesión democrática. Juárez sufrió el salpullido tentador. Solo Morazán pasó la prueba.

El fenómeno es tan generalizado, que ha producido –y lo siento después de hacer la taxonomía del centenario de Castro– que hay entre el pueblo latinoamericano fuerte inclinación por creer en la dictadura como solución; y que los destinos nacionales deben estar en manos de hombres fuertes; y no en políticos elegidos por el pueblo. Tenía sentido que García Márquez y Vargas Llosa tuvieran el proyecto de escribir una “novela” sobre la dictadura, que fuera en términos de personalidad, la suma de todos los defectos; y entre los chispazos de gloria, un retrato del continente que ha dado el mayor número de hombres providenciales y dictadores enamorados del poder.

Hagamos una lista provisional. “Pesos pesados”: Fidel Castro de Cuba –el gran dictador– Porfirio Díaz de México, José Gaspar Rodríguez y Alfredo Stroessner de Paraguay, Rafael Trujillo de República Dominicana, Francois Duvalier de Haití, Juan Domingo Perón de Argentina, Manuel Estrada Cabrera de Guatemala, Fulgencio Batista de Cuba, Augusto Pinochet de Chile,   Somoza García y Daniel Ortega de Nicaragua; y Chávez de Venezuela.

“Pesos medianos”: Carías Andino de Honduras, Hernández Martínez de El Salvador, Somoza Debayle Y Rosario Murillo de Nicaragua, López Castro de Venezuela, Odría y Fujimori de Perú, Pérez Jiménez de Venezuela, Rojas Pinilla de Colombia, Omar Torrijos de Panamá, Nicolás Maduro de Venezuela, Raúl Castro de Cuba, Videla de Argentina  y Barrientos de Bolivia.

Los pesos pluma: López Arellano de Honduras, Getulio Vargas de Brasil, Ubico de Guatemala, Picado de Costa Rica, Balaguer de Republica Dominicana, López Obrador de México, Manuel Noriega de Panamá, Velasco Alvarado de Perú, Ernesto Geisel de Brasil, Melgar, Mel y JOH de Honduras, Bukele de El Salvador y Bordaberry de Uruguay.

La idolatría del dictador no solo es del pueblo. Los intelectuales chapalearon en la adulación. Chocano en el siglo XX, puso su pluma al servicio de los dictadores. Rubén Darío también. Barba Jacob no negaba que cobraba escribiendo loas a los hombres fuertes. La mayor crítica política a García Márquez fue su adhesión a Castro, a quien enviaba sus manuscritos. Lo creía buen lector y de fino juicio para darle recomendaciones. Hasta el mejor de todos, Borges, se rindió a la adulación de Pinochet.

Las excepciones son: Octavio Paz que renunció a un cargo por la matanza de Tlatelolco. Cabrera Infante que asqueado se distancio de Castro; y Vargas Llosa, con su ruptura con Fidel por el caso Padilla y su calificación al gobierno de México como la “dictadura perfecta”.

Interesante es Michi Strausfeld en “Mariposas Amarillas y los Señores Dictadores”. Estudia a más de 250 escritores. “A través de poemas, relatos y novelas nos guía por la agitada y fascinante historia del continente al tiempo que nos deleita con una serie de semblanzas breves de los principales representantes de su literatura, que conoció y trato personalmente”. La autora alemana, muestra “con que lucidez las grandes figuras de las letras hispanoamericanas analizaron las situaciones de sus respectivos países y como sus obras se han convertido en la corrección de unos manuales muchas veces falsarios”. No incluye ningún escritor hondureño. Tenemos a Carías; nos falta el novelista.

Gracias al talento de los escritores como decía Vargas Llosa “la literatura cuenta la historia que la historia que escriben los historiadores no sabe ni puede contar”.

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