La migración hacia Estados Unidos está cambiando de forma. En 2026, la gran mayoría de las personas detenidas en la frontera sur provienen de México y países de Centroamérica, lo que marca un giro en la composición de los flujos migratorios.
Un informe de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), basado en datos oficiales, revela que el 92% de los migrantes detenidos en marzo eran ciudadanos de México, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.
Este dato confirma una tendencia clara: la diversidad de nacionalidades en la frontera ha disminuido de forma significativa, luego de años en los que migrantes de Sudamérica, el Caribe, África y Asia habían incrementado su presencia.
Dentro de ese grupo, los ciudadanos mexicanos representan el 34% de las detenciones, seguidos por venezolanos (33%) y ecuatorianos (28%) entre las nacionalidades con mayor número de casos recientes.
En total, durante la primera mitad del año fiscal 2026, la Patrulla Fronteriza detuvo a 42,757 migrantes, mientras que otros 20,975 fueron interceptados en puertos de entrada oficiales, consolidando cifras a la baja en comparación con años anteriores.
Menos migración familiar
Uno de los cambios más notorios es la disminución de la migración familiar. Solo el 13% de los detenidos corresponde a niños o grupos familiares, la proporción más baja desde 2012, lo que refleja el impacto de las restricciones al asilo.
El informe señala que la imposibilidad práctica de solicitar asilo en la frontera, vigente desde inicios de 2025, ha desincentivado la llegada de familias, que anteriormente eran uno de los principales perfiles migratorios desde Centroamérica.
A pesar de la caída general, las detenciones aumentaron un 25% entre febrero y marzo de 2026, pasando de 6,598 a 8,268 casos, lo que sugiere patrones estacionales asociados a condiciones climáticas más favorables para migrar.
El control migratorio también se ha endurecido. Por undécimo mes consecutivo, las autoridades no liberaron a ningún migrante dentro del territorio estadounidense: todos fueron detenidos o expulsados, limitando las posibilidades de permanecer en el país.
Para Centroamérica, este cambio tiene implicaciones directas. La región vuelve a concentrar la mayor presión migratoria, pero ahora en un contexto más restrictivo, con menos opciones legales y mayores riesgos durante el trayecto.
El informe concluye que la migración no ha desaparecido, sino que se ha transformado. Menos personas logran cruzar, pero quienes lo intentan enfrentan un sistema más cerrado, lo que redefine el fenómeno migratorio en toda la región centroamericana.
