La informalidad laboral continúa siendo uno de los principales desafíos estructurales en Centroamérica, donde más de la mitad de la población trabaja fuera del sistema formal en la mayoría de países, según el informe Pulso BAC 2026: Panorama Económico Global, elaborado por el banco BAC con base en datos de organismos internacionales.
De acuerdo con el reporte, Guatemala presenta uno de los niveles más altos de la región, con un 83.2 % de informalidad laboral, seguido de Honduras con 82.6 % y Nicaragua con 81.8 %, cifras que reflejan la magnitud del fenómeno en estos mercados laborales.
El Salvador también enfrenta un reto significativo, con una tasa de informalidad del 66.5 %, lo que implica que dos de cada tres trabajadores no cuentan con acceso a seguridad social ni a condiciones laborales estables.
En economías consideradas más estables dentro de la región, como Costa Rica, la informalidad alcanza el 37.4 %, mientras que en Panamá se ubica en 58.7 %, lo que evidencia que el problema persiste incluso en países con mejores indicadores macroeconómicos.
República Dominicana, incluida en el análisis regional, registra una tasa de informalidad del 54.7 %, manteniéndose por encima de la mitad de su población ocupada en condiciones no formales.
Obstáculo para el desarrollo
El informe señala que estos niveles elevados de informalidad están vinculados a factores estructurales como la baja productividad, el limitado acceso a empleo formal y la debilidad en los sistemas de seguridad social.
Además, este fenómeno reduce la capacidad de los Estados para recaudar impuestos y limita la inversión en servicios públicos, lo que perpetúa las brechas sociales y económicas en la región.
La informalidad se consolida como uno de los principales obstáculos para el desarrollo en Centroamérica, en una región donde el crecimiento económico no siempre se traduce en empleo de calidad ni en mejoras sostenibles en las condiciones de vida.
