Más de 135,000 viviendas en Costa Rica se encuentran en mal estado, equivalente al 7 % del parque habitacional del país, según una radiografía elaborada por el Centro de Estudios del Negocio Financiero e Inmobiliario (CENFI), con apoyo de la Universidad Hispanoamericana y basada en datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
El estudio señala que durante 2025 Costa Rica contabilizó 1,873,372 viviendas ocupadas. De ese total, 1,125,010 inmuebles, equivalentes al 60 %, están en buen estado, mientras que 613,131 viviendas, un 33 %, presentan condiciones regulares.
El director ejecutivo del CENFI, Melizandro Quirós, explicó que el deterioro habitacional afecta con mayor intensidad a los hogares de menores ingresos. Entre las familias ubicadas en el primer quintil económico, el 15 % de las viviendas se encuentra en mal estado, lo que representa cerca de 55,000 casas, unas 3,000 más que las registradas en 2024.
El informe también muestra que las viviendas en estado regular se concentran principalmente en familias de ingresos medios bajos y medios. A medida que aumenta el nivel de ingresos, también crece la proporción de viviendas catalogadas en buen estado.
Quirós destacó otro cambio identificado en el análisis: el incremento en la tenencia de viviendas entre personas separadas.
“Otro dato que destacamos en esta radiografía es que hay un aumento significativo de tenencia de vivienda entre las personas separadas, tanto de vivienda propia como alquilada, que alcanzaron un aumento de 13,000 y 37,000, respectivamente. Sigue siendo evidente que las familias con mayor edad absorben la mayoría de la tenencia de casas”, indicó.
Durante 2025 el número de viviendas ocupadas aumentó en 64,662 unidades, un crecimiento 50 % superior al registrado el año anterior, al pasar de 1,808,710 a 1,873,372 inmuebles. Del total de nuevas viviendas ocupadas, 40,789 ya estaban completamente pagadas, lo que representa el 63.3 %, mientras que 21,537 eran alquiladas y 5,710 fueron adquiridas mediante financiamiento.
Quirós señaló que el elevado número de viviendas totalmente pagadas no puede atribuirse únicamente a los programas de vivienda social, pues durante el año se entregaron cerca de 10,000 soluciones habitacionales de ese tipo. En su criterio, muchas familias de menores ingresos habrían construido sus viviendas mediante procesos de autoconstrucción en terrenos propios o ampliando inmuebles existentes.
El estudio también concluye que las viviendas financiadas predominan entre familias con ingresos superiores a ¢1,000,000 mensuales (unos $2,223) mientras que el alquiler continúa siendo la principal opción para hogares con ingresos cercanos a ¢925,000 (unos $2,057), un segmento que enfrenta dificultades para acceder tanto a bonos de vivienda como a créditos hipotecarios.
Asimismo, el análisis reportó una reducción cercana al 11 % en las viviendas ubicadas en asentamientos precarios, con 2,281 unidades menos en comparación con 2024.
