El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó que la economía de Nicaragua crecerá 3.4 % en 2026, tras cerrar 2025 con una expansión estimada del 3.8 %, impulsada por remesas y exportaciones, pese a un entorno internacional incierto.
La evaluación, publicada este 26 de enerotras concluir la consulta del Artículo IV, destaca que el país ha resistido múltiples choques desde 2018 gracias a políticas macroeconómicas sólidas, amortiguadores fiscales previos a la crisis y apoyo financiero durante la pandemia.
El informe resalta que la inflación se mantiene baja, la banca está bien capitalizada, y la deuda pública continúa en descenso, lo que otorga margen fiscal y fortalece la capacidad del país para absorber futuros impactos. Además, el superávit fiscal y externo refuerzan la estabilidad macroeconómica.
Sin embargo, el FMI advirtió que el panorama a mediano plazo está dominado por una alta incertidumbre. Entre los riesgos identificados se encuentran la volatilidad de los precios internacionales, un posible endurecimiento de las políticas migratorias y comerciales de Estados Unidos, desastres naturales y sanciones internacionales más estrictas.
“El crecimiento proyectado podría verse afectado si se reducen las remesas o si se endurecen las condiciones externas”, alertó el organismo.
Aun así, el FMI consideró que los fundamentos actuales, como las reservas internacionales y la disciplina fiscal, dan solidez al país ante eventuales turbulencias.
En cuanto a políticas públicas, el organismo recomendó avanzar con cautela en el gasto público, reforzar la recaudación fiscal y optimizar las transferencias a empresas estatales. También sugirió fortalecer la transparencia institucional, mejorar el clima de negocios y garantizar la protección de los derechos de propiedad para atraer inversión.
En el ámbito monetario, el FMI respaldó la decisión del Banco Central de Nicaragua de mantener la tasa de rastreo en 0 % para 2026, pero recomendó estar preparado para ajustes si las condiciones lo exigen.
El informe también valoró positivamente las reformas financieras aprobadas en 2025, que aumentaron los colchones de capital bancario y fortalecieron la capacidad de respuesta ante crisis. No obstante, exhortó a preparar escenarios de contingencia y ajustar la regulación en coordinación con el sistema financiero.
